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¡Ay, de ti! que eres puerto...


Fuí de ti pirata en la isla de tu desapego, y tú eres para mí el tesoro enterrado en las arenas cavernosas de mí isla, si tú, cual tesoro te añoro y resguardo, porque eres mi secreto; fuí pirata y perdí el timón del barco, dejándome varado en aguas peligrosas, me convertí en náufrago de tu desprecio, y así, sin puerto y mar me ahoga la falta de tiempo, y no hay más ruta que las profundidades del océano donde se mueren conmigo mi amor y mi secreto.




 
 
 

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